jueves, 13 de noviembre de 2008

FLORES EN LA GLORIA

Desde el martes de la pasada semana, Flores para los cercanos y Florencio Alejandre para la caligrafía seria, inglesa y descascarillada del Registro Civil, anda liándola por los cielos explicándole a Silvio, a Lennon y a Morrison lo que es el rock duro según el barrio sevillano de Santa Catalina. Y eso, como ustedes comprenderán, tiene muchísima ciencia que explicar. Tanta que al primer golpe no te enteras de lo que es el rock duro según Santa Catalina. Es posible que al segundo golpe tampoco. Pero al tercer intento lo mismo tampoco te enteras pero has descubierto el alma sencilla, noble e infinitamente bondadosa de un tipo tan irrepetible como este Florencio Alejandre, Flores, que hizo del Rinconcillo, Los Claveles y el Quitapesares del Perejil, la santísima trinidad de su fe sevillana.

Era Flores el alma bendita de este triángulo local de la melva y el tinto reparador, territorio personalísimo donde la Sevilla que se va por las rendijas del tiempo guarda y resguarda aún a algunas de sus piezas más museables. Flores fue lejía. Legionario. Y a su corazón las necesidades de los amigos le sonaban a toque de rebato, a camisa desabrochada y pecho descubierto para conseguirle a Pepe Perejil, a Fernando el del Rinconcillo o a otro cualquiera, lo que en ese momento necesitaba. Desde limones hasta hielo. Allí estaba Flores para buscarlos, encontrarlos y llevarlos a destino con la misma seriedad y marcialidad que hubiera desplegado en una guardia en Villa Cisneros. Flores era así. Distinto. Diferente. Servicial. Entrañable. En él bullía el viejo soldado, el chispazo surrealista y Seur. También el hombre piadoso de su Virgen del Subterráneo y el creyente de rodillas hincado al paso del Santísimo de la procesión de los Impedidos. Parecía, entre las nubes del incienso de los pebeteros, un boceto de un cuadro de Jiménez Aranda o García Ramos.
Pues desde el martes, Flores, debe de estar montando un mitin de los gordos en la gloria. ¿Era largo Silvio para coger a la primera cualquier cosa del rock sevillano? Pues todavía no se ha logrado enterar de lo que Flores le cuenta de su grupo de rock duro. En una velá de Santa Catalina, después de haber actuado ante los exigentes seguidores de su grupo, a Flores le preguntaron así, de sopetón, sin darle siquiera un chance para reponerse de tan intensa entrega:
-Flores, a ti te gusta el rock duro, ¿verdad?
Nuestro líder no se lo pensó. Y sentenció:
-A mí me gusta el arró en su punto.

El grupo, en realidad, era un dúo capaz de meter más ruido que una caída brutal de la Bolsa. California You era Flores, que lideraba la coalición y era el vocalista. Y a la guitarra le pegaba Scarlata Joe, un afanoso industrial de San Román que arregla los pinchazos de las bicicletas del barrio. En los alias americanizantes e italianizantes que nuestros artistas más populares escogieron para bautizarse como leyendas futuras del mundo de la música hay un venero inagotable de arte, guasa, salero y picardía según Sevilla. Que algún día habría que ocuparse de ellos. De los nombres de los vocalistas de los sesenta, de los grupos de las velás. De aquella Sevilla que aún se remueve en los tres puntos cardinales de la trinidad de Flores, donde cuaja el milagro de gentes de otras épocas, gente de esos barrios que Pablo Ferrand intenta reedificar a base de rescatar fotos del escombraje del tiempo. Con Flores también había que tener su cuidado. Las metía muy gordas. A sus más cercanos, a Carlos de Rueda, a Santiago el de los Claveles, a Fernando el del Rinconcillo le decía que Diana de Gales mantenía correspondencia con él en ingles. ¿Pero tú sabes inglés ni na, Flores? Y Flores se venía arriba y decía como un lord de Santa Catalina: Yesssss. Que por supuesto era lo único que sabía en inglés. Descanse en paz Flores y a ver lo que tarda Silvio en enterarse de lo que es el rock duro de Santa Catalina y lo que a Flores le cuesta pagar una convidá. Perejil se lo dijo una vez: ¿Tú no vas a pagar nunca, Flores? Sí, hombre, para que pierda la antigüedad., le contestó nuestro amigo con toda la picardía de esa Sevilla que aún resiste por los barrios.
J. FÉLIX MACHUCA (13-11-2008, Diario ABC)

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